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ENTRE VITRINAS Y ANAQUELES
2019

En 1875 el rey Alfonso XII inauguraba en Madrid el Museo Anatómico (Museo Nacional de Antropología después). En 1889 abría sus puertas el Museo Imperial de Historia Natural de Viena. En 1898 lo hacía en París la Galería de Paleontología y Anatomía Comparada, como dependencia del Museo Nacional de Historia Natural de Francia. Son solo tres ejemplos de cómo en un cortísimo intervalo de tiempo, numerosas capitales europeas hicieron su particular potlatch, compitiendo entre ellas por ofrecer la mayor y más completa colección de mostrables .

El significado de potlach, una peculiar celebración indígena de la costa americana del Pacífico donde lo primordial era hacer gala de las riquezas y excedentes, que se regalaban a cambio de prestigio, parece estar detrás de la intencionalidad última de estas grandes capitales y su entonces incipiente museografía. Se mostraba el acopio de material coleccionable, símbolo de posesión y poder, ligado fundamentalmente a las monarquías europeas que las diferentes expediciones alrededor del mundo habían ido proporcionando durante años.

El antecedente directo de estas colecciones eran los gabinetes de maravillas y curiosidades que pretendían juntar, en un único espacio, objetos exóticos provenientes de todos los rincones del mundo conocido. El pintor holandés Frans Francken da buena cuenta de ello en su óleo Kunstkammer de 1636, precursor a su vez de todo un subgénero de pintura.

Gran parte de los animales disecados que se muestran hoy en las vitrinas del Museo de Historia Natural de Viena, proceden de la enorme cantidad de especímenes que durante 18 años Johann Natterer estuvo mandando desde Brasil, dentro de una expedición supuestamente científica, que se inició en 1817 por el matrimonio de la hija del emperador Francisco I de Austria con Pedro de Alcántara, futuro emperador de Brasil.

Todo es susceptible de ser expuesto en una vitrina. El Museo de Historia Natural de Viena muestra las pieles y la Galería de Paleontología y Anatomía Comparada de París, los huesos, en este caso, en una espectacular disposición encargada a un escenógrafo de cine, donde parece que cientos de animales avanzan en manada.

Lo humano también cabe. La institución francesa alberga una colección de frascos de teratología (estudio de las anormalidades y monstruosidades de un organismo animal o vegetal) que a principios del siglo XXI dejó de estar expuesta al público. El Interés por la excepcionalidad es compartido por la colección de curiosidades del Dr. Velasco, con la que se inauguró el Museo Nacional de Antropología en Madrid, mostrando aún hoy el esqueleto del conocido como “gran gigante extremeño”. La selección de objetos curiosos de su gabinete incluye dos bustos de escayola policromada que representan al otro como diferente: un pirata chino decapitado en Hai Phòng y una joven mandinga senegalesa.

En la actualidad, más que centros de conocimiento, estos museos perpetúan el posicionamiento antropocéntrico de los humanos frente al mundo animal y la mirada colonial occidental. Los animales humanos podemos arrasar ecosistemas y medios de vida, pero sus restos lucen esplendorosos en nobles vitrinas y anaqueles.

El tema de esta exposición se podría resumir en una viñeta de dos exploradores occidentales delante de los restos de los animales que acaban de matar. Uno de ellos dice: “Vaya, hemos hecho un poco de escabechina”, a lo que contesta el otro: “Sí, pero nos va a quedar un museo...”.

 



Detalle de Kunstkammer de Frans Francken (1636). Museo de Historia del Arte de Viena. 20 x 30 cm.

 


Vista de la Galería de Paleontología y Anatomía Comparada del Museo de Historia Natural de París. 40 x 60 cm.
   



 
       
       
       
     

Detalles de vitrinas del Museo de Historia Natural de Viena, Museo de Historia Natural de Paris y Museo de Antropología de Madrid. 40 x 40 cm c/u.
 
     

 


 
     


Detalle de vitrina del Museo de Historia Natural de Viena. 40 x 26,7 cm.

 
     

 

  

 
     

Detalles de vitrinas del Museo de Historia Natural de Viena y Museo de Historia Natural de París.
40 x 60 cm c/u.
 
         


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